Quería saberlo todo de ti... Tú, el café
que yo tomaba cada mañana, mi color favorito! Yo, tu recuerdo más triste, tu
chiste recurrente.
Leía tu mirada, tu mis gestos y hasta
sabias la razón de cada uno de mis silencios. No sé en qué momento sucedió pero quise convertirme
en una extraña, el libro abierto que era para ti se convirtió en un enigma
imposible de descifrar, nuestros caminos se separaron aunque habíamos prometido
en varias ocasiones que no sucederían.
Eres tan misterioso… todavía ignoro
cuantas veces te miro de cerca intentando disimular mis manos temblorosas.
Había algo más allá del color de sus
ojos, tampoco era un cielo infinito ni esas cursiladas que escribí antes, era un
soplo de vida reducida a un par de pupilas oscuras, eran el invierno y la
primavera conviviendo como un par de enamorados que habían creado un paraíso completo
que se insinuaba en su cuerpo entero, y su voz… su voz era el canto mismo de la
felicidad.
¡Sí!, me miraba de pies a cabeza le parecía
ver la escultura más hermosa jamás descubierta -creía yo.- a pesar de que ya me había consumido todo su
aliento se me hacía difícil seguir respirando sin tenerlo a mi lado, por ello y
más me sentía afortunada con usted, aun cuando decía ya no quererte podías retar
al mundo entero y sentirte ganador
sabiendo que no estaba equivocada pero que mentía al decirlo.
No iba a suceder siempre pero, el
tiempo que lo tenía junto a mí lo atesoraba como el mayor logro que alguien
pudiera alcanzar en su vida. Se me hacía difícil seguir respirando sin tenerte a mi lado, por eso y
mas me sentía afortunada contigo.
Mientras tomo el café ese que tanto te gusta no puedo evitar preguntarme ¿seguirá siendo ese tu preferido?
No hay comentarios:
Publicar un comentario